La soledad de las mayorías. Por @Leonardo_Padron

esperarPor Leonardo Padrón. Publicado en ProDavinci.

Esperar es el verbo más usado por los pobres del mundo. La Sra. Silvia trabaja en una casa de familia en Chulavista. Para llegar a tiempo se despierta antes que el sol. Vive en el Sector Valle Alto, de Petare. Debe bajar de una montaña infecta de gente para trepar otra que cada día queda más lejos. Su excursión para llegar todos los días al trabajo es agotadora. Primero toma una camioneta hasta el barrio Mesuca, muy cerca del Metro de Palo Verde. Allí debe esperar que pasen dos o tres trenes, pues la estación está atestada de gente. A esa hora la ciudad es una procesión informe, un montón de prisa y perfume. Cuando logra montarse, viaja subterráneamente hasta Sabana Grande y ahí camina varias cuadras, esquivando gente, hasta la parada de Ciudad Banesco. Entonces, vuelta a esperar una camionetica que la trepe a lo que la nomenclatura llama colina. Ella, que viene de un cerro. Luego se enrumba por un largo paraje sin aceras hasta llegar finalmente a su sitio de trabajo. El regreso es más tortuoso. La población parece que aumentara durante el día. Por eso, no basta con desandar el camino. En la frontera de la noche, la Sra. Silvia debe hacer una cola de hora, hora y media, para conquistar la camionetica que la regrese a su hogar. Es demasiada gente y un mismo propósito. Cuando llueve, la penuria recrudece. Las camionetas escasean. O cuando hay alguna protesta y el cierre del paso. O cuando ocurre una falla en el Metro. Entonces, le toca caminar más de 20 cuadras. La multitud asciende al delta de barrios que conforman Petare a través de unas escaleras interminables, que arrastran media hora más de sus vidas. “¿Y no le asusta que la puedan asaltar a esa hora?”, le pregunto. “El susto siempre está. Y los malandros también. ¿Pero cómo hago?”, responde. Continúa leyendo La soledad de las mayorías. Por @Leonardo_Padron

Etcéteras

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Tiritan los silencios al final del corredor…y allí, sobre el horizonte roído del suelo, se esconden mil letras sin labios.
Notas sin oído y en el entrelíneas del viento varios tréboles sin destino.

De su verdor invicto, resurge tu coro de miradas distantes, anónimas, intencionadas.
En ese rincón del mundo tus párpados condensan humeantes rayos de vista, que contrastan con el paciente tintineo de tu presencia florida.

Cae con sigilo cada segundo en mi portal y te haces portadora de renovados colores salvajes, de verbos que dibujan etcéteras en un compendio de recuerdos futuros…que se trenzan por tus manos para ser lanzadas al abismo.

Entretanto el azul va tiñendo mi piel y el laurel luce sereno en tu sien. Así también el vino regresa a cundir de aromas mi aire nocturno. Se llenan de luces las células, se dilatan de etcéteras los paisajes y se recrean de escenas los párpados cerrados.

Etcéteras que se tejen a las fibras de mis días, que enjugan de glóbulos fragantes la savia que nutre nuevos senderos. Al final del trecho vegetal, reluces como complemento del amor en los tiempos de cólera, antídoto a los soliloquios baldíos.

Etcéteras que sirven de crisálida de adjetivos y verbos, ávidos de edificar escritos que estallen en frescor. Palabras colgantes del filo del tiempo distante, que celebran en silencio y declaman plenos en íntima liberación.

Etcéteras que representan la indulgente expiración hecha musa de pétalos retráctiles que hechizan y redimen.

Etcéteras que te debo, que me componen y diluyen la madeja de oscuridades que rodeaba esta hora perdida que languidece entre tus exhalaciones enamoradas y tus ojitos cargados de vida y de intencionados etcéteras.

Íker

Dique

I

Pasitos de ojarasca y semillas tostadas se me filtran en el aliento.

Sigo el serpenteo del camino. Paso a paso…

Rodeado de una soberana sincronía, inalterable a mi zancada.

Te me adelantas en gesto diáfano de soledad,

pero tus pies invitan a la compañía. Invicto sigo el andar.

Confinándome a ser testigo de tu marcha imprevista.

“La madera de la puerta, la pata ausente de aquella silla, aquella canción hecha viento”.

Voces de las laderas escurren de las montañas,

como buscando familiaridad y hogar en mis neuronas.

Es cuando entre las hojas, unas manitos con tierra en las uñas tejen el soporte de un haz de luz:

Un punto que se hace brillo y unas alas que hablan de volar.

II Continúa leyendo Íker

Eres

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Eres la pausa silente que decora el descanso detrás de cada sorbo de taza.

Eres, la sonrisa involuntaria al conseguirme con un siete en el camino.

Eres el ímpetu del instinto y el vigor de la insistencia, la emoción de la virtud y la serenidad del descanso, el ardor del sol y el caramelo del ocaso.

Eres la escogencia prístina y regeneradora que triunfa entre millones de posibilidades.

Eres el “¿te gustó?” de cada sobremesa y la piel que tapiza el sueño que buscan mis latidos.

Eres un puñado de ideales resumidos en el toque sencillo de tu mano. Continúa leyendo Eres

FLAMA

flamaSilente flama…

que derramas tus cenizas de mil cascabeles por mis venas.

Silente flama…

que siempre te recuerde tu olvido en cada lengua de fuego…

Silente flama…

que tus miradas se hagan rocío y que te enredes en el tintineo del sol cuando baila sobre su silueta dormida

…♠…

Estridente flama…

hazte fértil en las dimensiones ajadas de mis ojos cerrados.

Estridente flama…

vístete de carmesí ya y hazlo también con ése roce de piel de cientos de palabras.

Estridente flama…

hazte mortal en cada instante e inmortal en cada recuerdo.

…♣…

Extinta flama…

no olvides hacerte inmune al tiempo y recuérdame al despertar.

Xavier Rodríguez Franco.