Lexicógrafo

En este espacio iré publicando aquellos conceptos y definiciones recogidas a las orillas del camino, que por impertinencia semántica sea necesario ser catalogado dentro de una taxonomía más dinámica que la que nos ofrece cualquier diccionario. Se trata de un compendio de pareceres, con propósito dialéctico y personalidad crítica, abiertamente criticable.

Esta sección tiene sus orígenes en el satírico y sagaz Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce [1] el cual conocí durante aquellas tardes que se hacían noches en el pasillo de ingeniería de mi querida UCV.

B

Bolcheviques (fig. his.) Vehículo, motor y combustible de una locomotora revolucionaria que nunca llegaron a conducir.

I

Intelectuales: (per) Tipo de grasa social que se autodefine a partir de su diferenciación negacionista frente a los demás. Dicha definición viene del reconocimiento riguroso de lo que él no es (lo cual es un recurso propio del ominoso uso de su ociosidad mental). Sostienen que todo colega que no lo secunde es mediocre, que todo pasado fue mejor y que la sociedad del futuro -de no escucharle con atención- está confinada a la perdición. Es un nostálgico coleccionista de adjetivos, que pasa horas conjugando verbos en pasado, para intentar construir la semántica explicativa del presente. Para los intelectuales, el error y la equivocación, es una delas forma perversa de la acción humana: un correo spam en su relación epistolar con el saber, que sólo con el estudio se puede evitar.

En política pueden constituir un particular sector de la sociedad, que cifra su brillantez en su anonimato (algunos prefieren decir “limitada capacidad de influencia”) y en la precaria capacidad de agregación de intereses sociales en función de prácticas tangibles. Sin embargo, existen algunos que mientras más influyentes sean y mejor sea su relación con el poder, contribuyen considerablemente a obstruir las arterias culturales de cualquier sociedad, siendo determinantes en la generación de anticuerpos ante los cambios de conciencia que puedan traer las nuevas generaciones. Su inteligencia llega a habituarse con el eterno desbalance de su entorno. De hecho su abrumadora inteligencia abstracta, habitualmente está reñida con su inteligencia emocional, cinestésica y sobretodo su inteligencia social, circunstancia que en algunos casos, les ayuda a ser hábiles y elocuentes redactores de utopías.

P

Progresista: (adj. pers.) Epíteto matizador con el que los revisionistas de izquierda pueden sentarse en la misma mesa con los radicales sin ser acusados tan instintivamente de “contra-revolucionarios”. Remoquete de autoayuda empleado habitualmente para la autocalificación y para la demostración de simpatía automática con ciertos gobernantes o medidas propensas a la igualación.

En algunos contextos -sobre todo comunicacionales- se emplea el diminutivo “progre” como fórmula menos acusatoria para identificar a ciertos movimientos, procesos, activistas y hasta políticos -que a pesar de hablar con cierto pudor discrónico de la “luchas de clase”- reivindican la igualdad y la justicia, sobre la idea de eficiencia gubernamental. Para el “progre” no necesariamente el camino es el de la revolución armada y el del saqueo a la propiedad privada, de allí su distinción principal con el comunista convencional. Prefieriendo vivir el quejido poético de Galeano y no en la ansiedad  de fines de Trotsky.

La liturgia progresista se posa en la idea evolutiva de las sociedades, pero sin el darwinismo, en consecuencia lo que se les ocurra siempre les parecerá inédito y orientado a un progreso tan apetecible, que se exime de ser definido en objetivos claros.

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M

Matriz de opinión(Ret.) Sinécdoque retórico que busca hacer de la paranoia conspirativa un clima narrativo para afrontar la opinión ajena. En el contexto comunicacional venezolano, se trata de todo aquello refutable que desdice la argumentación propia. Precísamente entienden y comunican por “matriz de opinión” todo lo contrario a lo que es: aquel espectro de variabilidad que tienen las opiniones sobre determinados asuntos.

El empleo de la expresión “matriz de opinión” es un objeto lingüístico de culto en contextos polarizados e intransigentes al debate. Solo la idea de que exista un rango de alternabilidad en la comprensión/explicación de cualquier fenómeno, puede producir parálisis cognitiva y pavor en ciertos opinadores. Temor endémico a la heterogeneidad y a la idea de que la realidad pueda tener plurisignificación. De allí a que la tendencia comunicacional sea asegurar que hay un presunto plan mediático, orquestado en contra de determinadas argumentaciones dominantes, que buscan ser desestabilizadas por “matrices de opinión”. Un ejemplo, de cuanto daño hace no practicar con naturalidad la poligamia argumental propia de las sociedades abiertas.

Sobre el uso apropiado de la expresión “matriz de opinión”: “La inutilidad de una matriz de opinión” por el colega y amigo Luís Ordóñez.