¿Qué nos deja esta campaña presidencial 2012?

Llueve a cántaros en Caracas y en Los Teques por estos días. Días de efervescencia electoral que ni la lluvia consigue amainar. Vivimos tiempos en Venezuela que hasta el “cordonazo” de San Francisco se inmiscuye en el folclore de una campaña especialmente competida, hostil, frenética, inédita y también mucho más tormentosa de lo que algunos quisieron.

A pocas horas de finalizar estos comicios presidenciales, me detengo unos minutos para reflexionar sobre algunos elementos destacables, que subyacen al bullicio característico de esta contienda sinigual en el historial contemporáneo. Una campaña que enfrenta a un candidato contra un petro-Estado. Lo cual sugiere mucho ingenio y tenacidad, incluso para entenderla. Son apuntes que me quedan como ciudadano, sobre la campaña de Henrique Capriles. Es una reflexión que hago más allá de los resultados que se den esta noche y de mi condición profesional de politólogo[*] que quiero hoy compartir.

  • De la oposición “desleal” al gobierno anti-sistema.

En todos estos años de imposición de la narrativa presidencial, se pudo ir posicionando en la opinión pública la idea-denuncia de que la oposición que lo destronó en el 2002, tuvo una actitud al margen de la constitucionalidad. Lo que se conoce en la sociología política como “oposición desleal”. Sin embargo, esta concepción de la oposición para el gobierno se ha mantenido en un congelador desde el período 2002-2004. Una visión que los ha llevado a límites paranoides que -sin importarles que tan creíble llegue a ser- les ayudó a confeccionar su palaciego círculo de confort: preferir sólo el comentario de aduladores y ser sordos ante las denuncias. Los cambios, ajustes y movimientos internos de la oposición simplemente no han sido mínimamente considerados por el Gobierno, no tan solo en el plano comunicacional sino en el plano estratégico del diseño de la campaña electoral. Situación que lo ha llevado a la penosa aplicación de actividades que trasgreden las reglas del juego electoral: uso abusivo de los fondos públicos, convocatorias forzadas a empleados gubernamentales, forjamiento de programas electorales, insultos sistemáticos a su contendor, etc.

  • El valor democrático de la unidad en la diversidad.

Entretanto, la oposición desde las elecciones regionales 2008 ha venido avanzando, sin exoneración de críticas y tropiezos, a consolidar una plataforma multi-partidaria y poli-clasista como principal mecanismo de acción política. Dicha Unidad se encuentra en el tránsito de una coaliación de partidos reunidos para coyunturas electorales a una forma de hacer política, que ha avanzado en función de objetivos políticos claros y de consenso. Situación contrastante con épocas anteriores. Aquella realidad fragmentaria y con poca raigambre colectiva, fue cambiando desde el seno de su propia diversidad, tal como lo evidencia la construcción de los lineamientos del gobierno de unidad nacional (2013-2019).

  • Un diseño de campaña que nos invita a repensar la forma de hacer política.

El esfuerzo demostrado por Henrique Capriles en estos últimos meses [1], así como la adaptación de su capacidad discursiva a los rigores de una Venezuela desvertebrada por el centralismo rentista más desolador, ha sido una lección conmovedora para propios y extraños de la clase política criolla. El buscar los votos “casa por casa” en la Venezuela profunda que se esconde hoy de la lluvia bajo la publicidad del candidato oficial, descolocó el andamiaje político opositor y lo sintonizó con la agenda propositiva, con esa que está más allá de un estudio de televisión en horario estelar.

  • La regionalización de lo venezolano.

Empezar y terminar la campaña en el interior del país lanza un mensaje de expansión del concepto de nación, además de reconectar con aquella olvidada idea del federalismo en nuestra construcción colectiva de Venezuela. La campaña de Capriles consiguió llenar de entusiasmo todo aquello que enriquece lo nacional, lo distinto y complementario. Lo cual me hacía recordar la idea de identidad nacional de Carrera Damas: “hablaré de nación cuando en Calabozo me coma una arepa con queso guayanés, café de los andes y un dulce de plátano zuliano”. “La política en Venezuela va más allá de Caracas” decía Capriles, una idea simple pero olvidada en el activismo de la oposición, y mucho más grave, por la gestión de un gobierno que no escatimó nunca en la factibilidad de sus ambiciosas promesas.

  • La reconquista de la autonomía.

La campaña de Capriles, por momentos, logró lo que el gobierno por años había forzado imponer laboriosamente con su aparato comunicacional: marcar la pauta temática de la política en Venezuela. Después de tanta pugnacidad y reactividad, la oposición demuestra tener agenda política propia, rango de movimiento y cobertura expansiva de su mensaje: autonomía a fin de cuentas! Salvo el episodio de Juan C. Caldera, Capriles logró tomar la iniciativa temática en el campo de los problemas reales de la gestión del gobierno: desempleo, inseguridad, servicios públicos, promesas incumplidas… al punto de obligar al gobierno en su último día de campaña a una nueva promesa: un nuevo ministerio para el seguimiento de las promesas. Circunstancia promovida también por la notoria reducción de actividades de campaña, ante los quebrantos de salud del Presidente Chávez.

  • Esterilización del culto al insulto.

Parte de esta reconquistada autonomía, pasó indefectiblemente por evitar la retórica presidencial habitual del insulto, la descalificación y el desprecio al debate respetuoso. Después de años la oposición entendió que el contexto político nacional exigía no prestarse más al juego retórico del aparato comunicacional gubernamental, no caer en la particular versión cuartelera de la dialéctica goebbeliana presidencial: no jugar más en la cancha donde el Presidente juega “home club”.

Mientras el Presidente ofrecía boxear, Capriles le sugería una bailoterapia sin agresiones: al final Hugo Chávez terminó bailando bajo la lluvia en su cierre de campaña, arriesgando su estado de salud.

  • Documentar la denuncia.

En contraste con la política del “anti-chavismo” compulsivo que caracterizó a la oposición durante años, la denuncia se engalanó de soluciones concretas. La denuncia se documentó de fechas, montos, responsables y evidenció -además del incremento de la corrupción- las sombras que pesan sobre la profesionalización de la gestión pública en Venezuela. Una diferencia abrupta con la pobre campaña de “lugares comunes y clichés repetitivos” de Manuel Rosales en el 2006.

  • Ruptura de la hegemonía de la agenda social.

El gobierno consiguió durante años ubicarse en las referencias políticas por su expansiva agenda social, especialmente con el empuje de las misiones desde el 2003. Sin embargo, el modelo de excepcionalidad que planteaba cada “misión”, reveló la improvisación y la discontinuidad que había debajo de cada toldo. La administración pública para hacerse visible se “buhonerizó” y se empantanó en reformas institucionales y normativas que nunca respondieron a su sostenibilidad en el tiempo.

La cultura del operativo, de la atención esporádica, de la provisionalidad, del “puente de guerra” quiso imponerse para siempre (pecado similar de la “IV República”). Ante tal realidad Capriles -basado en su gestión como Alcalde y Gobernador-consiguió retomar esa dialéctica, la del diálogo por los programas sociales. Voces conservadoras de la propia oposición, no impidieron que prevaleciera la idea de que la oposición debía dejar de hablarse a sí misma y a sus seguidores; que era impostergable aprender también a escuchar lo que la ciudadanía tenía que decir en política social, redistributiva y desarrollo sostenible.

  • El valor de la insistencia en política.

La presencia de Capriles nos plantea también la idea de que la política no es sólo ganar, también es persistir. Su carrera política así lo demuestra. Después de la cárcel, no estuvo planteado el exilio o la renuncia a la labor pública. Este aspecto -en ocasiones imperceptible para el análisis- contrasta muy positivamente con las Irene Sáez, los Manuel Rosales y demás personajes tristemente itinerantes de la dirigencia opositora venezolana.

Insistir a pesar de la derrota es, en muchas ocasiones, mucho más valioso e inolvidable que hasta una victoria circunstancial. Esperemos que aún en la derrota, lo que se ha logrado construir hasta ahora no se desgrane para los próximos episodios electorales por venir.

  • Ruptura del círculo de confort opositor.

Por otra parte, esta campaña nos plantea la idea de que a pesar de las dificultades y los rigores de la polarización, era fundamental tomar el contacto en aquellos lugares a donde solo llegó el “odio de clase” pero nunca el asfaltado ni los servicios públicos básicos. Retomar el valor político de lo cualitativo y salirse de la lógica perversa que se esconde detrás de la democracia entendida solamente como aritmética y sumatoria de mayorías. Lo pequeño, lo minoritario también juega un papel valioso en política.

Una visita a un pueblo polvoriento olvidado por el centralismo, es en ciertas circunstancias más importante que conseguir baños de masas en lugares tradicionalmente de oposición. Sustituir los picos del rating por los picos de la desatención gubernamental, resultó clave en el acortamiento de las brechas de los estudios de opinión pública. Romper el círculo de confort opositor: dejar el estudio de grabación y recorrer esa Venezuela profunda, desgranada en viejas promesas y peores resultados.

Continúa la lluvia, pero ya no atemoriza, ahora entusiasma y le da el toque épico de sacrificio y entusiasmo, un toque que le hacía falta a la narrativa de la oposición después de tantas derrotas, tanto ensimismamiento soberbio y tanta sordera.

Hoy se habla de un camino, precisamente porque se ha registrado con los hechos que ha habido un derrotero de mejoramiento. De optimización en la imagen de una oposición, que además de oponerse, se presenta desafiante en el dicho y en el hecho, tal como lo confirma su récord electoral de los últimos años. Progresivamente le han tomado el pulso a un contexto político que se negaban a entender: han logrado plantearse hoy como opción creíble de poder para Venezuela, al punto que hasta el mismo gobierno lo ha notado. ¿Será suficiente para ganar las elecciones de hoy? amanecerá y veremos…de momento, sigue lloviendo en Venezuela, esperemos que escampe pronto.

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[*] Dentro de lo cual no destaca en mi caso experticia alguna en los complejos temas de sociología electoral, opinión pública y diseño de campañas electorales.

Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

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