Paraguay: futuro incierto, con rebote regional

Por Aníbal Pérez Liñán. El Clarín. Los eventos en Paraguay desconcertaron a los observadores internacionales y dejaron a los diplomáticos más experimentados sin eufemismos. ¿Se trata de un golpe de Estado? ¿Fue la destitución de Fernando Lugo un acto constitucional? La falta de sentido común de los legisladores en Asunción ha creado una crisis política cuyas consecuencias prometen alcanzar a toda la región . A lo largo de cuatro años, el presidente Lugo gestionó pobremente su coalición de gobierno y perdió el apoyo de las diferentes facciones del Partido Liberal, su principal socio en las elecciones de 2008. Carente de maquinaria política propia, Lugo tampoco fue capaz de movilizar una amplia coalición social en su defensa.

Quedó entonces sin coraza política. La violencia durante un desalojo de tierras ofreció la oportunidad para que congresistas liberales y colorados formaran una alianza táctica precipitada: algunos de los cargos en contra del presidente carecen de sustento jurídico, y los tiempos del juicio político desafiaron cualquier intuición legal sobre el debido proceso.

¿Se trata entonces de un golpe de Estado? Los aliados regionales de Lugo se apresuraron a hablar en estos términos, porque la etiqueta permite invocar la Carta Democrática de la OEA. Pero paradójicamente esta invocación debilita el espíritu mismo de la Carta.

El Congreso paraguayo utilizó su autoridad constitucional de manera irresponsable, pero no activó una operación militar para destituir al presidente . La distinción entre un juicio político dudoso y una acción armada para derrocar al gobierno marca el límite entre el abuso de la constitución y su ruptura.

La caída de Fernando de la Rúa o la destitución de Abdalá Bucaram (declarado por el congreso ecuatoriano “mentalmente incapacitado” en 1997) no deben homologarse con el derrocamiento militar de Manuel Zelaya en Honduras o de Jamil Mahuad en Ecuador.

No se trata de un matiz: el estiramiento conceptual podría transformar la Carta Democrática en un instrumento sujeto a los caprichos circunstanciales. Cabe recordar que los presidentes que más reclaman una respuesta contundente son quienes pocas semanas atrás cuestionaban la legitimidad de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en nombre de la soberanía . Aunque resulte tentador, es un error leer la crisis paraguaya en clave puramente ideológica. El miedo a que Lugo fuese punta de lanza del chavismo sin duda alimentó la reacción de la derecha más hostil. Pero el faccionalismo de los partidos paraguayos es de larga data, y generó crisis políticas de naturaleza similar ya en 1996, en 1999 y en 2002. La escasa popularidad de Lugo permitió que los partidos destituyeran al presidente con un criterio meramente legislativo, como se destituye al primer ministro en un sistema parlamentario.

Las consecuencias regionales de este retroceso para la consolidación democrática paraguaya no son auspiciosas.

Lugo no ha sido un gran presidente, pero ha respetado la institucionalidad hasta el último día.

La conducta del Congreso paraguayo fortalece la posición de líderes como Hugo Chávez o Rafael Correa , quienes creen que las instituciones democráticas -Congreso, Poder Judicial y prensa independiente- son meros reductos de la oligarquía que deben ser desmantelados. Ahora tienen un conveniente ejemplo para motivar a sus seguidores.

Enlace original aquí.

Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

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