Políticos 2.0: cuestión de actitud, no de tecnología

Por Luís Fernández del Campo. 

¿Qué es Política 2.0? ¿Política + Web 2.0? No del todo. Si en política se pretende representar a un colectivo, a una parte de la sociedad, la mejor manera de hacerlo bien es conociendo y escuchando a los ciudadanos que la forman. Por ello considero que la verdadera política es precisamente aquella que comparte los valores de la web 2.0: conocer, dialogar, ser transparente, compartir, colaborar. En definitiva, el espíritu 2.0 forma parte de su misma esencia, no es una etiqueta que se pueda añadir.

El mero hecho de incorporar el uso de las redes sociales no es lo que convierte a la política en 2.0, sino que la clave radica en adoptar y asumir la actitud adecuada como base de partida. Una actitud que deberá ser social, abierta, participativa, con independencia de las herramientas tecnológicas empleadas. Algo a lo que los ciudadanos ya no estamos acostumbrados, y recelamos de quienes se autodenominan políticos 2.0 tan solo porque se hayan abierto e incluso utilicen sus perfiles sociales. El 2.0 es más bien un proceso, un camino, más que un resultado. Hay que verlo como un camino continuo por el que se va avanzando en el tiempo, y de forma gradual, como decía Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Hoy en día, nuestros políticos saben que ya no pueden hacer política al margen de las redes sociales, quieren utilizarlas porque “están de moda”, como también hacen muchas empresas, pero en su mayoría ni saben cómo, ni las comprenden. No entienden que la base de la política 2.0 no es estar en las redes porque sí, sino ser transparente, abierto y colaborativo. Es decir, se trata de repensar la política, de devolverle su esencia.

El político mexicano Jesús Reyes Heroles decía que, “en política, las formas son fondo”. En este ámbito, más que en el resto, las formas son esenciales, y el estilo 2.0 aplicado en política conlleva un cambio sustancial del fondo, se trata de devolver el poder a los ciudadanos, dándoles algo más que voz, facilitando que sus opiniones sean permanentemente atendidas y trasladadas a la gestión pública.

Así lo han entendido algunos políticos españoles, como Manolo Recio, ex Consejero de Empleo de la Junta de Andalucía, el cual concibe las redes sociales como “un medio de comunicación y relación en el ámbito político y social sin precedente”. “En Facebook o Twitter, por ejemplo, eres capaz de alcanzar a todos aquellos que quieren intercambiar opiniones de una manera directa sin limitaciones de tiempo o espacio”. “Me debo a la ciudadanía y utilizaré cualquier medio a mi alcance para que noten mi proximidad y la fácil accesibilidad ante cualquier tema que me quieran decir”. “Es así como entiendo la política: dedicación al interés general desde la cercanía y la proximidad al ciudadano. Aceptando que la libertad supone oportunidades y riesgos. Porque sólo teme a las redes sociales quien tiene algo que ocultar o que perder”. O quien no lo comprende, como quienes (desde la oposición) le califican de ‘quinceañero’ por usar Twitter, cerrando los ojos ante la utilidad de las redes.

Además de cercanía y proximidad, las redes sociales implican transparencia (en Internet todo se acaba sabiendo), ya que la información circula en tiempo real y no tiene fronteras. Esta es, probablemente, la característica que más asusta a los políticos tradicionales y que, en cambio, más motiva a quienes realmente conciben la política como un servicio hacia la ciudadanía.

Así, por ejemplo, a Jordi Cañas, portavoz de Ciudadanos (C’s) en el Parlamento de Cataluña, el presidente Artur Mas le recriminó que estuviera tuiteando durante la Cumbre para la Reactivación Económica del pasado año. Cañas siempre ha manifestado que “son los ciudadanos quienes pagan nuestro sueldo, con sus impuestos, y por tanto nos debemos a ellos; es nuestra responsabilidad mantenerles informados”. Una actitud que le honra como político y que le permite mantener un contacto directo, personal y transparente con la ciudadanía. Antiguamente se decía que “quien tiene la información tiene el poder”, pero este concepto ha cambiado, hoy en día la información no se puede retener, circula libremente gracias a las redes sociales, la ciudadanía tiene acceso directo a ella y, al ser compartida, posibilita un mayor conocimiento global, que nos enriquece a todos. Podríamos decir que “quien comparte el conocimiento, tiene el poder”, un poder moral otorgado y respaldado por la colectividad, no como algo reservado y oculto a los ojos de la ciudadanía.

En general, la clase política no acaba de comprender lo que representan las redes sociales, la mayoría de los políticos tienden a considerarlas como un elemento más de propaganda o de difusión unidireccional, no como lo que son: herramientas de comunicación multidireccional. Por ello, no entienden a quienes sí las usan cotidiana y habitualmente, no solo en periodos de campaña electoral, y tienden a calificarlos como ‘frikis’, ‘quinceañeros’, etc.

Cristina Cifuentes, actual delegada del Gobierno en Madrid, y antes vicepresidenta de la Asamblea de Madrid, es otra entusiasta de las redes sociales, que las utiliza de forma eficiente en su relación con los ciudadanos. Así, dice que: “antes de Internet, los políticos no se relacionaban con la ciudadanía más que el día de las votaciones o durante la campaña electoral. Las redes sociales te permiten contactar con cualquier ciudadano en tiempo real y sin intermediarios”. Ello permite solucionar la tradicional queja de los votantes hacia los políticos: que sólo se acuerdan de ellos durante los 15 días de campaña y luego actúan durante 4 años sin escucharles. Ahora, el contacto puede ser continuo y directo.

Cristina concibe Twitter como “algo personal que debe llevar el propio político para que la comunicación sea directa, aunque el 2.0 no sustituye a la vida real, hay que compaginar ambas cosas, el contacto con la ciudadanía no lo puedes perder”. Esta es la situación ideal, pero si el político no se ve capaz de llevar personalmente sus perfiles, considero que siempre puede delegarlo en su equipo de comunicación, explicándolo de forma transparente en las redes, sin que ello suponga una suplantación de personalidad (algo lamentablemente frecuente entre políticos).

En conclusión, el mérito de los políticos 2.0 no está tanto en tener actividad en redes sociales como en hacer un uso coherente y ‘social’ de laWeb 2.0, no ya sólo de los principios tecnológicos, sino también y en especial de los filosóficos e ideológicos, que se pueden concretar en:

1. El político 2.0 debe hablar menos y escuchar más.
2. No debe intentar ser en las redes sociales lo que no es en la vida real.

Es decir, el político 2.0 no sólo ha de parecerlo, ha de serlo también, la transparencia que dan las redes implica sinceridad y autenticidad. Si tradicionalmente se ha dicho que ¡La mujer del césar además de ser honrada, debe parecerlo!, en política 2.0 debería decirse justo al revés: “La mujer del césar además de parecer honrada, debe serlo”.

Enlace original aquí.

Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

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