La CELAC vista desde El Silencio: la declaración de Caracas (3ra. parte)

Una publicidad de la CELAC en medio de El Silencio

Por Xavier Rodríguez Franco (@xfranco22).

Es sábado en la noche, y desde el céntrico sector caraqueño llamado “El Silencio”, paradójicamente el bullicio se hace presente. Aunque no lo parezca, se trata de una discusión sobre política que nuevamente se convierte en ruido: cacerolazos de protestas por la Cumbre de la CELAC, que intentaron ser acallados por fuegos de artificio de una celebración anticipada a una declaración que aún no había nacido. Estallidos que hasta llegaron a interrumpir en ocasiones las comparecencias de los jefes de Estado presentes en el evento[1].

Quienes han estudiado el temperamento cultural del venezolano, sabrán que para nosotros el silencio representa una experiencia algo inquietante, solo remediable con música, jolgorio o un bullicio concertado.

Ruido de protesta, quizá de incomprensión, aunque también de júbilo planificado. Lo que nos llega a los ciudadanos de la integración latinoamericana, pareciera un rumor lejano, un sonido que solo se entiende en la frecuencia de onda presidencial. La integración sigue siendo un imperativo político, con un déficit ciudadano reiterado y poca visibilidad en la vida cotidiana de nuestros países[2].

Para algunos de los presentes el ruido fue como aquel aplauso irónico de protesta cuando el espectáculo aún no concluye e invita al artista, a bajar del escenario. Aquella lucha paralela de decibeles por la atención, desconcertó a muchos y marcó el signo más reiterado de la historia de la integración latinoamericana: la obsolescencia de todo dejo presidencial por la uniformidad.

Estructura institucional: “en construcción, disculpe las molestias”.

Si bien la iniciativa de lo que hoy se denomina CELAC fue impulsada por el ex-Presidente Luiz Inácio Da Silva, le correspondía a Caracas -en el marco de la “pompa y circunstancia” bicentenaria- plantear buena parte de las sugerencias recogidas en las reuniones anteriores de Salvador de Bahía, de 2008, y Cancún, de 2010. En especial, debían plantearse avances en los patrones institucionales y funcionales de esta instancia política aún en construcción. La declaración de Caracas[3], aprobada por consenso, adelanta muy tímidamente algunos elementos organizacionales concretos, así como algunos objetivos en materia de políticas públicas que se especifican tanto en el “Plan de Acción de Caracas[4] como en los “Estatutos para el funcionamiento orgánico de la CELAC”[5].

Pudiéramos asegurar que se trata de un “acuerdo de mínimos”, en el que además de incluir los habituales automatismos diplomáticos[6] y repeticiones de mantras sobre “la unidad de los pueblos”, se manifiesta la clara intención de ser un foro de diálogo y concertación política orientado a fortalecer la integración de los Estados latinoamericanos y caribeños (artículo 31). De tal manera que, por los momentos, no existe mención alguna a un tratado fundacional o algún otro instrumento de derecho internacional público que suponga personalidad jurídica alguna para la CELAC.

A partir de la lectura de la Declaración de Caracas se ratifica que la CELAC será una reunión anual de Presidentes y Jefes de Estado, que buscará amplificar el diálogo político sobre las circunstancias que condicionan la integración y el desarrollo de la región, enmarcada en la más amplia variedad de perspectivas sobre su utilidad y funcionamiento futuro; siendo lo más saliente el planteamiento que sugiere la cancillería venezolana para que la CELAC sea el “único mecanismo de diálogo y concertación” que agrupe a estos 33 Estados (artículo 28), lo cual supondría apoyarse en el historial de acuerdos alcanzados en el marco del Grupo de Río (en funciones desde 1986) y la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre la Integración y Desarrollo (CALC) (artículo 32). Todo ello deberá ser evaluado y eventualmente ratificado en la próxima reunión a celebrarse en Chile en el año 2012.

Lo único claro: la troika y la fórmula consensual

Dentro de las observaciones que fueron planteadas y ratificadas desde la reunión de Cancún del 2010, destaca la necesidad operativa de organizar una troika. Se trata de una figura de coordinación compuesta “por el Estado que haya sido designado para dirigir la Presidencia Pro-Témpore para el 2012-2013, el último Estado que haya dirigido la Presidencia Pro-Témpore del Grupo de Río y el último que haya desempeñado la Presidencia de la Cumbre América Latina y el Caribe sobre integración y desarrollo (CALC)[7]. La troika le hará seguimiento a los planteamientos plasmados en los documentos adjuntos a la Declaración de Caracas. Esta instancia de articulación representa en la práctica la única figura de autoridad con competencias definidas hasta la fecha. En primera instancia, la troika deberá gestionar la agenda política, a través de las reuniones de coordinadores nacionales, para canalizar los objetivos planteados desde la Cancillería venezolana en materias como comercio, infraestructura, erradicación del hambre, protección al ambiente, cultura y asistencia humanitaria, entre otros objetivos muy genéricamente sugeridos en el Plan de Acción de Caracas[8].

Otro de los aspectos que caracterizan a la organización es el polémico y parsimonioso criterio consensual[9], una fórmula de adopción de decisiones que no fue eximida de importantes cuestionamientos durante el encuentro en Caracas, tal como lo hicieron saber las delegaciones de México, Costa Rica y Ecuador, por citar sólo algunas. Lo cual hace suponer un ritmo mucho más pausado y, trascendiendo lo evidente, que quizás hay conciencia de las importantes divergencias políticas existentes entre los miembros del grupo. Esta circunstancia contrasta abiertamente con el tono de “refundación continental”[10] que le ha querido imprimir el eje La Habana-Caracas, en clara alusión a su intención de que la CELAC sustituya a la Organización de Estados Americanos (OEA). Sin embargo, el tenor de las declaraciones de los demás mandatarios y jefes de Estados[11], la hace ver como una de las muchas perspectivas políticas presentes entre las 33 naciones.

Aspiraciones, realidades y antinomias

Dentro de una región que reúne 550 millones de habitantes y un territorio de más de 20 millones de kilómetros cuadrados, la CELAC entraña un compendio importante de aspiraciones, que pudiera tener como denominador común la importancia de la cooperación y la gestión política compartida como fórmula de defensa colectiva ante la crisis financiera global que persiste desde finales del 2008.

Cada mandatario aprovechó su intervención para plantear sus inquietudes, sus realidades y sobre todo sus aspiraciones, lo cual reafirmó la más amplia diversidad de posturas en torno a la integración. En efecto, mientras algunos países buscaban expandir sus mercados en la región y fortalecer mecanismos políticos que les resguarden de eventuales procesos de desaceleración económica (por ejemplo, República Dominicana, Brasil y Costa Rica), otros aprovecharon la ocasión para ventilar sus problemas internos (Ecuador, Nicaragua y Paraguay) mientras que otros buscaban afianzar su agenda ideológica y anti-estadounidense (Venezuela, Cuba y Bolivia).

Ciertamente, las mayores divergencias se encuentran en los diseños institucionales, las prácticas políticas y sobre todo en las concepciones de lo que debe ser la democracia. Circunstancia que ocurre paradójicamente en la región del mundo con mayor concentración de “Repúblicas”. Aquí radica la expectativa compartida de algunos gobiernos -en especial, del bloque radical anti-estadounidense- que aspiran un modo alternativo de asociación regional, que sea menos rigurosa en términos de las formas de gobierno; que no tenga mayores miramientos en lo concerniente a la independencia de los poderes públicos, las libertades de prensa, el rechazo a la tentación reeleccionista, la descentralización administrativa o el respeto a los derechos civiles de las minorías. Situación que representa una antinomia importante, que difícilmente la CELAC será capaz de dirimir en el corto y mediano plazo.

Otra antinomia importante se presenta en el análisis del espíritu de integración que sostiene la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) y su realidad comercial, hoy más signada por su dependencia respecto de la economía norteamericana, un testimonio vivo de la disparidad presente entre los discursos y los hechos[12].

En este sentido, la región latinoamericana presenta realidades más apremiantes que atender y que van más allá de las aspiraciones manifiestas por el gobierno anfitrión de la cita, el cual pareciera haber empezado a celebrar antes de haber acordado las razones concretas para ello. Es aquí cuando el ruido festivo lució su atuendo de propaganda oficial. La realidad concreta de la integración es su moratoria política, su precariedad institucional, sus enormes barreras arancelarias, su invisibilidad ciudadana y, sobre todo, el endémico temor a la soberanía colectiva y los sacrificios que ella supone[13], circunstancias que difícilmente podrán ser revertidas con discursos emotivos sobre nuestros orígenes pre-colombinos, coloniales, neo-coloniales, bolivarianos, sanmartinianos, o’higginianos o martianos. Las dificultades de hoy para invertir, exportar, importar o viajar desde y para la región latinoamericana son un crudo testimonio que habla más que decenas de discursos sobre el alcance real de la integración, tal y como de manera muy similar llegó a señalar uno de los mandatarios asistentes a la Cumbre.

La percepción de la brecha norte-sur y toda la influencia que, durante décadas, ha tenido en el desarrollo de la cultura política hemisférica, contrasta con una realidad económica global inminente: la nueva brecha Pacífico-Atlántico. El acelerado crecimiento de los países que conforman la cuenca del Océano Pacífico, el acelerado encumbramiento de las inversiones Chinas en la región y el declive de los mercados anglosajones y europeos, ofrece la potencialidad de un nuevo clivaje hemisférico manifiesto en la pasada reunión de noviembre en Honolulu (Hawaii) del grupo de Cooperación Económica Asia-Pacífico[14] (APEC por sus siglas en inglés).

Este bloque de países constituye uno de los espacios económicos más grandes del mundo, y a pesar de las fuertes divergencias políticas, militares, económicas y culturales que expresan sus miembros, la APEC adelanta acuerdos políticos que podrían ofrecer oportunidades estratégicas de gran repercusión para los próximos años. Ya América Latina tiene su grupo sub-regional (Chile, Perú, México, Colombia y Panamá como observador) denominado “Alianza del Pacífico”[15]. ¿Qué ajuste prevé asumir la CELAC al respecto?

Esta nueva “brecha vertical”, pudiera condicionar abiertamente el mapa de la integración latinoamericana para los próximos años. Lo cual pudiera llegar a suscitar un “nuevo bullicio”, pero ahora sí de deliberada protesta por las oportunidades perdidas.

La Celac y la incombustible quimera integracionista:

Primera Parte: Desde el ideal de unidad americana, al declive de la OEA

Segunda Parte:  Puentes, traductores y personalismos

Publicado en Entorno. Enlace original aquí


[1] En el enlace encontrará el vídeo de la intervención de la Presidenta argentina Cristina Fernández haciendo alusión sobre el particular: http://goo.gl/xGMx0 De forma similar ocurrió durante la intervención de Raúl Castro, la cual sería interrumpida (desde el minuto 09:07 hasta 09:45 del vídeo) por lo que el Presidente Chávez denomina el “cohetazo en homenaje a la CELAC (…) a lo cual se le suma que llegó diciembre”: http://goo.gl/AMvbS

[2] Lo cual se manifiesta en el escaso intercambio demográfico, cultural, tecnológico y económico entre nuestros países. En efecto, con respecto a este último aspecto, si sumamos las balanzas de pagos de los 33 países, encontraremos que casi un 20% del intercambio es intra-regional. Fuente Banco Interamericano de Desarrollo (BID): http://www.iadb.org/dataintal/TotalGeneral.aspx?Tipo=B.

[3] En el enlace documento completo: http://goo.gl/UX1jv

[4] En el enlace documento completo: http://goo.gl/BKlYk

[5] En el enlace documento completo: http://goo.gl/deh11

[6] Tales como estar inspirado por la obra heroica de los libertadores, la defensa a los principios de autodeterminación de los pueblos, la resolución pacífica de los conflictos, la determinación por la lucha contra la pobreza, compartir la aspiración común de construir sociedades justas,  democráticas y libres, entre otros planteamientos que ocuparon casi ¾ de la Declaración de Caracas.

[7] Disposiciones transitorias del Estatuto de procedimientos de la CELAC  (p. 18). Consúltelo en línea en el enlace: http://goo.gl/deh11

[8] Sección: “Complementariedad y cooperación entre los mecanismos regionales y Subregionales de integración ”. p. 4 et seq. http://goo.gl/BKlYk

[9] Mecanismo especialmente inconveniente para la celeridad en la toma de decisiones. Por ejemplo, en el caso venezolano ha resultado todo un impedimento formal a los intereses de incorporación, como miembro pleno al Mercosur, tras las reiteradas negativas del senado paraguayo: http://goo.gl/Tk6x5.

[10] Raúl Castro a su llegada a Venezuela aseguró que “por primera vez en la historia vamos a tener una organización de nuestra América [Por lo que la CELAC es] el acontecimiento más grande en los 200 años de semi-independencia”. Véase aquí el vídeo: http://goo.gl/g3ec9

[11] Buena parte de ellas fueron blanco de la desproporcionalidad en la cobertura de prensa, coordinada por la política comunicacional del Estado venezolano.

[12] Hablemos de hechos: Ecuador después de varios años de gobierno de un presidente economista, socialista, nacionalista y conocido orador antiimperialista, no ha sido capaz de sostener una moneda nacional distinta al dólar, ni tampoco ha podido negarse a las bondades mercantiles que ofrece su flamante TLC con los EEUU. Nicaragua por su parte, en los últimos años ha duplicado sus exportaciones al “coloso del norte”, situación similar que reporta la Cámara Venezolano Americana (Venamcham) en relación al intercambio comercial binacional, el cual ha presentado un incremento de un 35% en el 2010 y de un 42,4% en el septiembre de 2011:

http://polisfmires.blogspot.com/2011/12/fernando-mires-celac-entre-la.html?spref=tw

[13] Como hemos reportado analíticamente: La CELAC y la incombustible quimera integracionista.

Parte I (http://issuu.com/polityca/docs/entorno_septiembre_2011) y parte II (http://issuu.com/polityca/docs/noviembre2011)

[14] Grupo al que pertenece Perú, México, Canadá, Chile y los Estados Unidos de América, país que ejerce actualmente la autoridad pro-témpore.

[15] Reunidos recientemente (el 05/12/2011) en Mérida (México) acordaron la fundación de este grupo de países, ya para el próximo 04 de junio de 2012, se prevé la formulación de su Tratado Constitutivo en Chile y en el que se ha propuesto la creación de un Mercado Integrado Latinoamericano (MILA). Cabe destacar que también será el país austral el anfitrión de la próxima reunión de la CELAC. http://www.elnuevoherald.com/2011/12/10/1081513/dos-americas-latinas.html

Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s