Apropósito de la muerte de Néstor Kirchner: “El comienzo de otra historia”

Por Ricardo Kirschbaum (El Clarín. 28/10/10).

Néstor Kirchner, astuto, había armado un esquema para conservar el poder autosucediéndose. Era ya el candidato para las elecciones de octubre de 2011 y esperaba que su esposa, que lo sucedió en 2007, fuera quien le colocase la banda presidencial por cuatro años. En 2015, según esa fórmula, se invertirían los roles: él deseaba entregarle la Presidencia a Cristina. Formalmente, se respetaban holgadamente los términos constitucionales. El objetivo era conservar el poder en las mismas manos (cursivas del IDEAL).

Kirchner actuaba como lo que era: un jefe político de un espacio en el que confluían tanto sectores de la izquierda como el aparato sindical –enemigos hasta la muerte en la década del 70–, los barones peronistas del conurbano y algunos de los caudillos provinciales. La gestualidad progresista en la que se abunda, con eje en la sanción a los responsables de la violación a los derechos humanos, hizo menos visible y más digerible la alianza con la vertiente del movimiento justicialista más rancio.

No era un líder carismático ni despertaba cálidas oleadas de simpatía. Pero era un líder que ejercía a fondo el poder sin dudas. Esta condición le permitió mantener esa coalición unida, no importa los recursos a los que debía echar mano. Kirchner siempre fue un hombre proclive a la acumulación (de poder, de aliados, de afectos, de dinero) y desconfiaba casi de todo salvo de esa pasión íntima y arrasadora. Aun cuando en los últimos meses, con episodios muy agudos, acaso presintió la amenazante vecindad de la muerte, entendía que su presencia era fundamental para que el proyecto que encarnaba no se despedazase.

El control estricto del poder determinó un gobierno ensimismado, cerrado en sí mismo, con una lógica política cuyo eje ordenador debía –y debe– ser nítido para que funcionasen las antinomias. Y exciten una épica que actuase como pantalla de decisiones que replicaban, con signo propio, lo que decían combatir.

La centralidad del combate contra los medios no adictos formaba parte de esa estrategia contradictoria. ¿La historia es una red que atrapa al hombre en ciertas estructuras que se repiten de una época a otra?, como decía Alejo Carpentier. Deberá probarse. En el acto de recordación y reivindicación de Kirchner que hizo ayer Hugo Moyano, en el que se exaltó al ex presidente y lo ubicó en el Olimpo junto a Perón y a Evita, los asistentes subrayaron sus palabras con vivas a la CGT, insistiendo en la vigencia de una alianza que debe seguir, como si la muerte Kirchner hubiera puesto tácitamente en debate esa certeza.

El ex presidente era un político pragmático que tenía el sello justicialista, a pesar de sus ambigüedades, y la historia juzgará qué papel cumplió en ese movimiento sin el que la sociedad argentina no podría ser explicada.

Ese fervor inusitado por la política y por el poder lo lanzó a tomar la oportunidad que le dio Eduardo Duhalde y la aprovechó a fondo . Acertó cuando renovó la Corte, renegoció la deuda externa y le devolvió poder al Estado, aunque desaprovechó un momento excepcional para plantear y llevar adelante las cuestiones estructurales que podrían haber comenzado a modificar las cuestiones básicas de la economía argentina. Aún se está a tiempo.

Quizá la impronta del día a día de su militancia política y las acechanzas de la cotidianeidad hayan sido, para Kirchner, más urgentes que esos asuntos intelectuales con los que nunca se sintió suficientemente cómodo. La desaparición de un jefe político y candidato además, pone en el tapete dos cuestiones que deberán ser atendidas por Cristina. Su candidatura a la reelección fue ayer lanzada por Moyano, que habló, también, de reestructurar el PJ. El sindicalista sabe que, más allá del dolor y la congoja, esos espacios políticos deben ser ocupados con rapidez.

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Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

2 comentarios sobre “Apropósito de la muerte de Néstor Kirchner: “El comienzo de otra historia””

  1. Estimadísimo colega, sugiero fuertemente esta nota, de Van Der Kooy, incluso para postearla en el sitio del Instituto Digital:

    http://www.clarin.com/politica/gobierno/politico-transformado-desafio-Cristina-PJ_0_361763834.html

    Allí está todo bastante dicho, y comparto en su gran mayoría los argumentos e interrogantes que levanta.

    En mi opinión, la sensación es que murió un Presidente en ejercicio, y no es poco tratándose del único garante de la gobernabilidad en argentina después de la peor crisis sociopolítica de la Argentina del 2001.

    Fuera de los infinitos interrogantes que surgen tras su muerte y cuánto impactará en la gestión de su mujer, así como también cuál será el comportamiento del peronismo y de los intendentes, gobernadores, sindicatos, y otros factores de poder, la tragedia argentina sigue siendo la misma: estamos a un año de la próxima elección presidencial, y dependiendo de quién triufe, la Argentina puede girar 180 grados para un extremo o para el otro.

    Esa gran incertidumbre es lo que realmente me preocupa a mediano plazo, y no hemos encontrado la respuesta de ello desde el 2001, año en que se vapulearon las instituciones y que hoy son resortes en el vacío que no garantizan nada.

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  2. Ciertamente, los análisis que se han realizado en algunos rotativos argentinos luego de la lamentable muerte de Néstor Kirchner apuntan hacia ese sentido. Algunos matices marcan la diferencia entre los mismos, unos más prudentes y conservadores otros más imprudentes y temerarios. Lo cierto, es que lo sucedido en Venezuela, Bolivia, Argentina, Nicaragua, Honduras, Colombia, para mencionar algunos casos de nuestro continente, descolocan los valores supremos de la democracia occidental, en donde alguno de sus principios se vuelven en su contra, cuando son una camisa de fuerza que atan las posibilidades de satisfacer las demandas no propias de la democracia, sino del ámbito social, cultural y económico principalmente. Las fórmulas tradicionales de la demcoracia occidental, Dahliana, Shumpeteriana, son insuficientes para quienes no la evalúan desde sus propios valores, sino más bien desde los resultados de los gobiernos constituidos bajo sus reglas. Por eso no es de sorprender los resultados del informe del PNUD, tanto el de 2004 como el de 2010, el primero de ellos titulado La democracia en América Latina, y el segundo Nuestra Democracia. Algunos analistas se escandalizaron cuando en el primer de estos informes, se alertaba sobre la mayoritaria preferencia de sistemas de gobiernos no democráticos en tanto que generasen mejores niveles de calidad de vida. Pero ciertamente, no podemos hacer de cada ciudadano un sujeto que entienda “racionalmente” la ciencia política y el estudio de los sistemas de gobiernos, así como su diferencia con la economía, la cultura, lo social. Comprender, y aceptar estas superdimensiones de la política entiende un esfuerzo colosal para emprender nuevos desafíos para no sólo estudiar la política sino también lo político.

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