Apuntes sobre una nueva matriz en las Relaciones Internacionales: el encumbramiento del terrorismo

Después del fragor de una batalla aún no concluida, habiendo desafiado al precario orden internacional y hasta la misma opinión pública mundial: la acción bélica voluntarista de la administración republicana de los Estados Unidos de América, enfrenta la crudeza de ser jueces y verdugos de una crisis de seguridad sin precedentes. La “República Imperial” (rótulo inmortalizado por Raymond Aron), con todo el despliegue tecnológico puesto al servicio de la guerra, provistos de los más sofisticados mecanismos de influencia política, económica e ideológica, ha quedado desnuda ante la problemática que sobre el terrorismo se ha tejido en los últimos años. Las circunstancias nos hablan de un regreso del conservadurismo más intransigente, una resurrección de la versión más macabra del realismo, manifiesto por los Estados Unidos, no tan solo con el mundo musulmán, ni con el inmenso conjunto de países del “tercer mundo” (que ya es mucho decir), sino con la política exterior de naciones y organizaciones internacionales fundamentales para el desarrollo y en ocasiones cómplices del engrandecimiento de esta nación como potencia mundial.

En efecto, dicho realismo deja al descubierto la magnitud de esta crisis mundial sobre la seguridad nacional, hemisférica y mundial, cuya característica central consiste en que resulta posible trasgredir el orden y el derecho internacional en todos sus niveles y alcances, y deponer a dos regímenes en menos de dos años, bajo alegatos no convincentes para los representantes internacionales, y más aún soportando el inmenso precio económico y político a pagar por esta escalada militar. Todo esto y más. Sin embargo la guerra contra algo tan intangible, tan amenazante y criptográfico para la lectura del mundo  internauta de hoy, como lo es el “terrorismo”  tan solo comienza. Se inicia una nueva cruzada militar por el mundo, con inmensos debates y cuestionamientos que no aportan certidumbres sino más dilemas: ¿es cierto que Afganistán e Iraq han sido liberados?, ¿Se tiene fecha de salida de estos países? ¿importa algo que el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas permita la participación de más países?, ¿Es cierto que los movimientos convulsivos de la nueva izquierda mundial, constituyen hoy el asidero sociopolítico de avanzada de esta guerra asimétrica?, etcétera. Una de las más crudas certezas es la que sigue: es más factible destronar a un régimen político, que desarticular a una red terrorista como Al – Qaeda, sin mencionar a otras mejor conocidas por occidente.

Mientras en Washington D.C. se afanan a puerta cerrada en largas discusiones sobre las empresas encargadas para la “reconstrucción” de Iraq, ante la opinión pública se muestra el gabinete de la administración Bush, con una inmensa preocupación sobre el paradero del déspota Hussein, encubriendo cínicamente su verdadera preocupación: la infructuosa búsqueda de armas de destrucción masiva en este estratégico país árabe, cuya invasión pudiera revalidar la preeminencia de los EEUU en el escenario mundial.

Ante la inacción de los organismos internacionales competentes en materia de seguridad colectiva, armamento nuclear y derechos humanos, también luce una peligrosa situación de incremento de la amenaza terrorista, especialmente dirigidos a los puntos estratégicos para los intereses del coloso del norte distribuidos por todo el mundo.

De esta manera vale decir y no de forma impertinente, que es de urgente atención recuperar el carácter cordial, racional y prudente de la política exterior, especialmente en nuestro país el cual está siendo observado muy de cerca por propios y extraños. Las fanfarronerías e improperios sostenidos entre Venezuela y Colombia, son muestra elocuente de nuestra condición de tercer mundo: levantiscos e imprudentes ante crisis internacionales como las de hoy día, que siguen evidenciando nuestro rol periférico e impertinente en la eventual resolución de conflictos internacionales. El uno apoyado militar, política y económicamente por el Estado “hegemón” y el otro aquejado de delirios de grandeza y de sobredosis de megalomanía. Ante tan lúdico panorama internacional, resulta impostergable un replanteamiento, que irresponsablemente nuestro país no ha hecho, de nuestra política exterior en virtud del retroceso que han experimentado la diplomacia internacional, al iniciarse una etapa en la historia de la humanidad distante a ser esperanzadora en cuanto al tema de la seguridad y el indetenible encumbramiento del terrorismo.

Publicado en El Diario de Caracas (24/02/2003).

Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

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